¿Tengo forma de pera o de manzana?

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La manera habitual para saber si nos encontramos en una situación de normopeso o de sobrepeso es calcular el Índice de Masa Corporal (IMC), que es una fórmula que relaciona el peso y la altura. A pesar de ser una fórmula generalizada al alcance de todos nosotros, el cálculo debe ir acompañado de una correcta evaluación, puesto que se trata de una fórmula que se emplea de igual manera para hombres y mujeres a partir de los 18 años. Es fácil entender pues, que los objetivos en temas de peso y salud no van a ser iguales para una mujer de 20 años que para un hombre de 80 años, y en este sentido la fórmula de IMC los equipara. En otras palabras, no debemos quedarnos simplemente con un número, sino saber interpretarlo e ir un poco más allá.
Por lo tanto, es muy importante que para una correcta evaluación de los objetivos de peso nos pongamos en manos de un profesional cuya experiencia nos aconseje un objetivo real acorde a nuestra situación específica. 
En este sentido, y para que os hagáis una idea de cómo la morfología de nuestro cuerpo nos puede orientar a unos objetivos más o menos estrictos, os explicaré hoy en esta entrada de blog qué significa que nuestro cuerpo tenga forma de pera o forma de manzana, según la distribución de la grasa en nuestro organismo. 
La forma de manzana hace referencia a la obesidad central o abdominal, en la que la grasa predomina en la cara, tórax y abdomen. Las personas con forma de manzana tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular debido a que esta grasa se acumula alrededor de órganos tan fundamentales como el corazón o el hígado. Es decir, son personas más propensas a padecer diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia o enfermedades cardíacas entre otras. 
En cambio, la forma de pera describe a aquellas personas en las que la grasa se acumula en la cadera y los muslos. Estas personas suelen padecer problemas más de tipo mecánico de las articulaciones, sobre todo de las piernas, así como problemas de retorno venoso (varices) y artrosis de rodilla. 
Así pues amig@s, como veis una simple evaluación de la morfología de nuestro cuerpo puede ser un primer indicativo, para evaluar si tenemos más o menos riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.