¿Por qué todo lo que me gusta engorda?

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¿Cuántas veces hemos oído aquello de “lo que no mata engorda”? Es un hecho que, en cuestión de alimentación, aquellos alimentos que más nos tientan son precisamente los que están habitualmente más restringidos en cualquier dieta sana y equilibrada. Si presentamos a cualquier persona un bol de lechuga y un donut ¿qué creéis que elegiría la mayoría? 
Podríamos pensar, ¿por qué es la vida tan injusta? Pues todo tiene su explicación científica. Cuando los seres humanos éramos nómadas y vivíamos de la caza, podían pasar semanas sin que una tribu encontrara animales para alimentarse, o no siempre era posible cazarlos. Por eso era necesario maximizar las reservas de energía consumiendo principalmente grasas y azúcares. El cerebro de nuestros antepasados “sabía” esto, y por eso mandaba señales al cuerpo para estimular la apetencia por este grupo de alimentos. En aquellas circunstancias, comer muchas grasas podía suponer la supervivencia en situaciones de escasez de alimentos.
Pues bien, hoy en día y gracias a la evolución, las circunstancias de nuestra especie han cambiado radicalmente. Hoy somos sedentarios, y al menos en el mundo desarrollado (todavía queda mucho por avanzar en zonas desfavorecidas del planeta), no hay escasez de alimentos, más bien al contrario. Tenemos de todo y en abundancia.
Antes éramos nómadas, viajábamos grandes distancias a pie y teníamos que adaptarnos a un entorno a menudo hostil. Hoy somos sedentarios, nos pasamos demasiadas horas delante de una pantalla y los niveles de actividad física, especialmente entre los jóvenes, descienden dramáticamente. Nuestros antepasados consumían esas calorías rápidamente, mientras que hoy se acumulan en nuestro organismo.
Parece que nuestro cerebro no ha hecho esa adaptación y sigue mandándonos señales de que las grasas y los azúcares son apetecibles (es decir, necesarios para el organismo en grandes cantidades). Es nuestro desarrollo en otras áreas, como el conocimiento científico, lo que nos hace saber que un exceso de esos alimentos en la dieta es perjudicial para nuestra salud pues elevan nuestro riesgo cardiovascular.
Querid@s amig@s, aunque no sea un consuelo cuando nos sintamos tentados por comer alimentos grasos o azucarados, pensad que ya no somos trogloditas y tenemos la capacidad de saber qué nos conviene y qué no. Como decimos siempre, se trata de aprender a alimentarnos correctamente, de un modo acorde a nuestras necesidades personales.