¿Por qué tengo tanta hambre por las noches?

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Tal vez hayáis oído alguna vez el refrán que dice “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”. Pues eso es justamente para lo que está preparado nuestro organismo, y es lo que debemos hacer.
Nuestro sistema neuroendocrino, es decir, nuestras hormonas, va cambiando a lo largo del día de forma que, cuando nos levantamos por la mañana, nuestro metabolismo se activa. Es por eso que durante la primera parte del día es cuando debemos ingerir las dos terceras partes de nuestra alimentación diaria.
En el caso de que intentemos ir en contra de la naturaleza, y desayunemos y comamos poco, una parte de nuestro cerebro llamada hipotálamo interpretará que estamos en ayuno, por lo que intentará compensar esa situación disminuyendo el metabolismo, lo que nos llevará en último término a un aumento de nuestra sensación de hambre. Es decir, cuando llegue la tarde tendremos tanta hambre que nos resultará muy difícil controlar lo que comemos, y acabaremos picoteando sin parar.
Aunque esto nos parezca algo exagerado o sacado de contexto, es muy habitual que cuando queremos perder peso, empecemos nuestro propósito desayunando un vaso de leche desnatada y 4 galletas y comiendo una ensalada, de forma que no cubrimos nuestras necesidades energéticas y nuestro organismo lo intenta compensar por la tarde “castigándonos” por no haberle dado lo que necesitaba. Aún más si hemos estado todo el día ocupados trabajando, y la tarde coincide con nuestro momento de desconexión en el hogar.
Un problema sobreañadido a esta situación, es que cuando picoteamos por la tarde no somos conscientes de las calorías que estamos ingiriendo, por lo que esta situación nos puede llevar a la frustración y al fracaso; creemos que estamos haciendo dieta con ese vaso de leche desnatada y esa ensalada, cuando probablemente al final del día hayamos ingerido más calorías que el compañero que para comer se ha comido un buen plato de macarrones.
Así que, amig@s, recordad el refrán: “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.