El menú del cole y la obesidad infantil

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Querid@s amig@s, en varias entradas de este blog he hecho referencia a la obesidad como la epidemia del siglo XXI. Esta situación es todavía más alarmante, cuando comprobamos que el sector de población donde el porcentaje de obesos está creciendo a mayor ritmo es en niños y adolescentes. Esta suele ser una de las principales conclusiones de los múltiples estudios que se están desarrollando en este campo.
Hay muchas cosas que podemos comentar respecto a este problema tan serio, pero hoy me gustaría centrarme en los menús escolares. Actualmente, con el ritmo de trabajo que tenemos los padres, muchos tenemos que recurrir al comedor escolar ante la imposibilidad de que nuestros hijos coman en casa. Esto no debería ser un problema, pero por desgracia, es difícil que los menús escolares sean todo lo equilibrados que deberían. Normalmente, abusan de los hidratos de carbono y tienen una baja proporción de frutas y, sobre todo, de verduras. Pero tenemos que entender la situación de los colegios. Tienen que gestionar comedores habitualmente con poco personal, dar de comer a muchos niños (para los que la hora del comedor es un momento de distensión) y con presupuestos limitados. Es comprensible que busquen evitar problemas y apostar por menús que saben que (más o menos) van a ser del agrado de la mayoría de los niños; ¿os imagináis lo que debe ser un comedor con 300 niños llorando porque les han dado acelgas para comer?
Bien, asumamos esta situación, aunque no sea ideal. Recordad que, respecto a los hábitos de vida saludables, como en todo, la educación empieza en casa. Lo primero que deberíamos hacer es comprobar el menú semanal de los niños. Después, es aconsejable buscar la manera de saber cómo comen nuestros hijos en el colegio. Finalmente, deberíamos buscar formas de compensar en casa los déficits que pueda tener el menú escolar. Deberíamos fomentar el consumo de frutas y verduras en casa, si vemos que el menú escolar falla en ese aspecto. También deberíamos proporcionar almuerzos poco calóricos y con productos nutritivos. Y por supuesto, tenemos que esforzarnos en evitar la bollería industrial, que por desgracia sigue siendo muy habitual en las meriendas de los más pequeños. Todo esto, unido a une esfuerzo en evitar el sedentarismo en los niños (menos móviles, tabletas o consolas y más deporte) deberían ayudarnos a mantener a nuestros hijos a salvo de la obesidad. Querid@s amig@s, recordad que, aunque muchos tengan la falsa creencia de que un niño gordito es un niño feliz, uno de los factores clave en el desarrollo de la obesidad en los adultos es haber tenido sobrepeso de pequeño. Es entonces cuando esos niños gorditos tendrán que lidiar con un elevado riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.