¡Cuidado con la publicidad!

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Tendemos a creer que somos dueños de nuestras vidas, que cada una de nuestras decisiones son resultado de nuestro conocimiento y de nuestra experiencia. Sin embargo, en el mundo globalizado en el que vivimos, nuestros cerebros no paran de recibir órdenes subconscientes que, en muchos casos, son las que finalmente hacen que tomemos determinadas decisiones. 
Lejos de ser una excepción, la alimentación es un claro ejemplo de esto, y es por ello que he decidido hacer esta entrada de blog para que, en la medida de lo posible, nos protejamos y reflexionemos sobres las decisiones que tomamos en lo referente a la alimentación. En muchas ocasiones recibimos mensajes manipulados y engañosos, que pueden llevarnos a seguir pautas que en absoluto son las que más nos convienen.
Según los estudios, la mayoría de las decisiones que tomamos a la hora de la compra va a depender de nuestro subconsciente y es aquí donde la publicidad tiene un gran papel. Los colores, las imágenes y la música escogida, entre otros parámetros, nos van a generar una emoción determinada (ya estudiada previamente) que nos llevará al impulso de comprar un determinado alimento. Y es que la publicidad tiene una acción directa sobre el aumento de la ingesta y preferencia alimentaria, especialmente si las decisiones se toman en el corto plazo. En este sentido, cabría reflexionar sobre si existe una voluntad real de promover el consumo de alimentos sanos y de promover hábitos de vida saludables, más allá de someter a los consumidores a un continuo bombardeo de anuncios de comida poco saludable, alimentos procesados, bebidas azucaradas y raciones gigantes.
Querid@s amig@s, intentemos ser inteligentes y evitemos estos estímulos en la medida de lo posible. Intentemos reflexionar antes de tomar decisiones impulsivas y no nos dejemos manipular por intereses económicos. Y por supuesto, evitemos la exposición constante, tanto la nuestra como la de los más pequeños, a pantallas y dispositivos electrónicos. Intentemos protegernos frente a la dictadura de la comida basura. No digo que sea fácil, ¡pero intentémoslo!