¡Boicot a las salsas!

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Querid@s amig@s, como especialista en el tratamiento de la obesidad, pero también como madre, últimamente presto mucha atención a mi entorno social para comprobar cuáles son los hábitos o trucos que las familias siguen a la hora de alimentarse. Como bien dicen, en lo que respecta a costumbres en la alimentación cada familia es un mundo, pero parece que la mayoría tienen un denominador común... ¡el abuso de las salsas!
Parece ser que, en la actualidad, para que los niños (o incluso algunos no tan niños) coman verdura, o simplemente una pechuga a la plancha, es imprescindible mojarlas en salsas como el ketchup o la mayonesa. Incluso en alimentos no sólidos, como por ejemplo un puré de verdura, hay quien añade una dosis generosa de alguna de estas salsas, con el fin de que el niño acabe comiendo algo “sano”. Lo paradójico es que en esta situación, algunos padres se muestran satisfechos de que sus hijos se coman “eso”.
Es importante que enseñemos y aprendamos a saborear los alimentos y evitemos las salsas industriales, ya que son una fuente de calorías y grasas extra poco saludables y totalmente prescindibles. Con eso no quiero decir que excepcionalmente no podamos tomar una ensaladilla rusa, o una hamburguesa con keptchup. Lo que sí quiero decir es que no podemos hacer norma de lo que debería ser una excepción.
También me gustaría destacar que no todas las salsas son iguales. La que encabeza el ranking de calorías y grasas es la mayonesa, que por cada 100g puede llegar a contener unas 600 kcal y unos 75 g de grasa. En cambio, por ejemplo el ketchup tiene unas 150 kcal por 100g con una cantidad de grasas mucho más baja pero, ¡atención!, con una gran cantidad de sal. Este aporte extra de sal puede generar problemas de hipertensión si el consumo de esta salsa se convierte en norma habitual. Y por supuesto, las salsas caseras cocinadas con productos naturales son siempre una mejor opción; eso sí, siempre vigilando que las cantidades sean las adecuadas, y sin que sirva como excusa para introducir una cantidad excesiva de pan en nuestra dieta.
Y es que, como habréis leído en alguna entrada de este blog, la alimentación de los niños no siempre es sencilla. Es comprensible que a los pequeños les cueste habituarse a ciertos alimentos. Pero no debemos caer en la tentación de recurrir a las soluciones fáciles y rápidas. Como madre, sé que a veces es fácil hablar desde fuera, pero recordad que está en juego la salud de nuestros hijos y evitar que desarrollen obesidad. Hacer un esfuerzo para inculcarles hábitos de alimentación saludable merece la pena y compensará ese esfuerzo con creces.
Querid@s amig@s, hagamos una reflexión y evitemos las salsas en nuestro día a día. Seamos ejemplo para nuestros hijos y saboreemos los alimentos sin disfrazarlos con salsas que solo hacen que favorecer enfermedades como la obesidad. ¡Eliminemos las salsas y ganemos en salud!